La antropología es el tratado sobre el hombre, el ser humano. La elaboran hombres en base a su autorreflexión sustentada en sus diversas observaciones y apreciaciones de la vida humana. Inevitablemente se prioriza un ángulo o punto de vista sobre otros. Uno de los posibles enfoques es el religioso. Es éste el que nos ocupará en estas páginas, más concretamente la perspectiva judeo-cristiana tal como se refleja en la Biblia.
Hoy se habla de antropología cultural, social, religiosa, filosófica, etc. Como sea, no se debe disociar al hombre de la sociedad y de su "ideología", incluida la religiosa, pues se correría el riesgo de distorsionar el cuadro. El hombre es una unidad, si bien entramado en una sociedad y orientado por su "ideología" o conjunto de axiomas y paradigmas rectores. Por eso la idea materialista del hombre difiere profundamente de la idea judeo-cristiana.
La pregunta por el hombre se la plantea el hombre mismo, en busca de su identidad en el contexto del mundo y sus relaciones. Es producto de una autorreflexión, que por cierto no se da en el vacío sino dentro del marco de ciertas preconcepciones o ideas. Para el israelita ésta está marcada por sus convicciones religiosas, por eso responde tal como leemos en la Biblia, aunque sea de formas muy diferentes, como veremos -diferentes son las ideas en Génesis y en los evangelios. Las concepciones del hombre y de Dios están en mutua relación. Dicho más precisamente, la idea que se tenía de Dios se formaba por analogía y contraste con la idea que el hombre tenía de sí mismo. Las imágenes de Dios son sustancialmente imágenes del hombre. Por tanto, en su mente, antropología y teología son inseparables, y éstas son inseparables de la religión. Ésta no es la única correlación. La respuesta a la pregunta por el hombre es también inseparable de las relaciones que sitúan al hombre en el espacio y el tiempo. Para la mente hebrea algo "es" en su relación "a algo"; no "es" en sí mismo. Para el hombre esto se traduce en sus relaciones con la sociedad, con la naturaleza, con su cultura, con su historia, con sus sueños y sus esperanzas -además de su relación con la divinidad-, es decir por una "constelación de relaciones".
La antropología hoy empieza preguntando por el hombre, no por Dios, y pregunta a la teología críticamente por el lugar del hombre en su reflexión mirando a Dios. Si la pregunta se traslada a los textos bíblicos, es indispensable estar familiarizado con la visión del hombre antaño en las culturas semíticas, y cotejarla con lo que conocemos hoy. Por ser antropología teológica, repensará en un segundo momento la relación de ese hombre con Dios (theós). No hablará de Dios ignorando al hombre, como no hablará del hombre ignorando a Dios. Es precisamente así, relacionalmente, como están presentados el hombre y Dios en la Biblia.